15 abr 2015

Un cuento de Eduardo Galeano

Celebración de la amistad



Juan Gelman me contó que una señora se había batido a paraguazos, en una avenida de París, contra toda una brigada de obreros municipales. Los obreros estaban cazando palomas cuando ella emergió de un increíble Ford a bigotes[*], un coche de museo, de aquellos que arrancaban a manivela; y blandiendo su paraguas, se lanzó al ataque.

A mandobles se abrió paso, y su paraguas justiciero rompió las redes donde las palomas habían sido atrapadas. Entonces, mientras las palomas huían en blanco alboroto, la señora la emprendió a paraguazos contra los obreros.
Los obreros no atinaron más que a protegerse, como Pudieron, con los brazos, y balbuceaban protestas que ella no oía: más respeto, señora, haga el favor, estamos trabajando, son órdenes superiores, señora, por qué no le pega al alcalde, cálmese, señora, qué bicho la picó, se ha vuelto loca esta mujer...

Cuando a la indignada señora se le cansó el brazo, y se apoyó en una pared para tomar aliento, los obreros exigieron una explicación.

Después de un largo silencio, ella dijo:

—Mi hijo murió.

Los obreros dijeron que lo lamentaban mucho, pero que ellos no tenían la culpa. También dijeron que esa mañana había mucho que hacer, usted comprenda...

—Mi hijo murió –repitió ella.

Y los obreros: que sí, que sí, pero que ellos se estaban ganando el pan, que hay millones de palomas sueltas por todo París, que las jodidas palomas son la ruina de esta ciudad...
—Cretinos –los fulminó la señora.

Y lejos de los obreros, lejos de todo, dijo:

—Mi hijo murió y se convirtió en paloma.

Los obreros callaron y estuvieron un largo rato pensando. Y por fin, señalando a las palomas que andaban por los cielos y los tejados y las aceras, propusieron:

—Señora: ¿por qué no se lleva a su hijo y nos deja trabajar en paz?
Ella se enderezó el sombrero negro:

—¡Ah, no! ¡Eso sí que no!

Miró a través de los obreros, como si fueran de vidrio, y muy serenamente dijo:

—Yo no sé cuál de las palomas es mi hijo. Y si supiera, tampoco me lo llevaría. Porque ¿qué derecho tengo yo a separarlo de sus amigos?



[*] Nombre coloquial en Argentina del modelo Ford T.

***Este cuento pertenece al libro Mujeres, su última obra publicada.





18 mar 2015

¿Por qué pagas en Starbucks el triple de lo que pagarías en cualquier bar?




¿Por qué pagas en Starbucks por una taza de café el triple de lo que pagarías en cualquier bar? A partir de esta sencilla pregunta Tim Harford, uno de los economistas más prestigiosos del mundo, se convierte en un detective qunos ensa a seguir las pistas para averiguar cómo funciona el mundo

Un libro divertido, ameno y accesible para comprender el mundo a través de la economía de las pequas cosas.












La vuelta al mundo de un forro polar rojo muestra el trasfondo y las complejas relaciones que hay detrás de la globalización, ilustrando la injusticia que domina en el comercio mundial.

Es la historia de un escritor que ve en la televisión a un inmigrante a bordo de un cayuco que viste un forro polar rojo que él tiró al contenedor hace meses. ¿Cómo ha llegado su forro polar a esa persona? ¿Cómo se fabricó la prenda y llegó al armario del escritor?
















Los autores del libro dan respuesta a las preguntas que les realizaron los alumnos de 1º de Bachillerato de tres institutos, preguntas como: ¿Qué es la economía? 
¿Por qué unos ganan poco y otros mucho? 
¿Por qué hay corrupción? 
¿Quién tiene la culpa de la crisis? 
¿Cómo acabar con el paro?

4 feb 2015

Cuando el orgullo vence al sentido común


Carmen Román (1º Bac C)
Abrí la puerta lentamente porque sabía que chirriaba. Chirriaba mucho. Las otras noches no había habido nadie en la casa, esta vez era diferente: todos estaban allí. Dormían tranquilos, o al menos eso esperaba yo.  Anduve muy despacio hacia la cocina. Un paso. Dos pasos. Tres pasos. Tanto silencio comenzó a angustiarme, el suelo hacía un leve sonido que iba al compás de mis andadas. El sonido se metía en mis oídos. ¡¡¡Puf!!!Una cuchara. Era una cuchara que se había caído al suelo. Sonó por todo el chalet, no fue para tanto pero en mis oídos sonó como un gran estruendo. No podía perder tiempo, en cualquier momento llegaría mi jefe y no habría tiempo para rectificar. Abrí el cajón ansiosa por encontrar aquello que tanto andaba buscando... pero no fue así. Allí solo pude ver artilugios de cocina. Busqué y busqué y no encontré nada. Mi frustración era máxima y no pude evitar soltar un grito que esta vez no me preocupó tanto. Silencio otra vez. Esta vez acompañado de unos pasos que ahora no eran los míos precisamente. Entonces, por primera vez vi su rostro. El padre de la familia. Tenía un aspecto enfadado, y desaliñado. Llevaba una bata gris hasta el suelo que arrastraba a medida que se acercaba a mí, mirando a su alrededor.

-          ¿Cómo has entrado? ¿Qué haces aquí? Ya te dejé claro que no quiero que involucres a mi familia en los asuntos del trabajo.
-          Esta vez no vengo por mi cuenta. Es Josh, él me ha mandado a buscar eso.
-          ¿Josh? Le he dicho mil veces que se ocupe de sus asuntos. ¿Cuánto te paga?
-          Me merece la pena.
-          Escúchame, te lo daré pero mañana por la mañana temprano lo quiero en mi despacho. Ni un día más, ¿me oyes? Estoy harto de vuestras estafas. Nosotros en ningún momento vamos a ponernos a vuestra altura.-me miró de arriba a abajo, se agachó y cogió la llave.- Toma, con ella abriréis la sala. No quiero que metáis más de tres cuerpos.
-          De acuerdo, yo se lo diré a Josh.
-          La próxima vez os pediré un alquiler, el local es mío y guardo mis “cosas”-una voz le interrumpió.
-          ¿Cariño?- la rubia mujer gemía desde su habitación.
-          He bajado a beber agua, subo en un momento. Corre, vete. Mañana por la mañana quiero la llave en mi despacho y recuerda: sólo tres cuerpos.

        Salí corriendo de la casa y satisfecha por obtener mi objetivo. Justo enfrente estaba Josh, como no, con esa sonrisa maléfica pintada en la cara.

-          ¿Ha salido todo como lo planeamos?
-          No he tenido problemas para entrar, pero Alfonso me ha visto.
-          ¿Cómo? ¿Que te ha visto? Te dije que tuvieras cuidado y fueras prudente, Laura.- su acento americano me mataba. Su voz era muy sensual y estaba locamente enamorada de él, pero aquella aventura que tuvimos no fue más que eso... una pequeña aventura entre jefe y empleada.
-          Lo siento señor, era la primera vez que entraba estando ellos dentro. Ha sido él quien me ha dado la llave. Me ha dicho que le diga que no metamos más de tres cuerpos y que mañana le devolvamos la llave. La próxima vez tendremos que alquilárselo.

Todavía eran las 3 de la mañana, había tiempo para realizar todo el proceso. Fuimos hasta el vertedero, allí estaban cinco inocentes a quienes el destino había traicionado. Muertos. Era una noche fría y la espesa niebla apenas nos dejaba ver. Josh me señaló un cuerpo y me hizo un gesto para que lo metiera en el maletero del coche. Me tocó una mujer de cabellos oscuros. Fui a cogerla y al verle la cara, la mía cambió de inmediato. Era Gloria, compañera mía desde primaria. Nunca me habían impactado estas cosas de la muerte, porque al fin y al cabo cuando es tu trabajo te acabas acostumbrando, pero esta vez no fue igual. Me entraron ganas de llorar, pero no lo hice. Sabía que a Josh no le gustaba y además era mi trabajo, debía realizarlo dejando de lado mis sentimientos. Metí a Gloria en el maletero con mucho cuidado, como si todavía fuera a sentir el golpe... Detrás de mí estaba Josh con dos cuerpos más a los hombros. Nos montamos en el coche y nos fuimos directos a la nave de Alfonso, no tardamos más de 20 minutos.

Hacía frío y el vestido negro de cuero ya no me abrigaba, por muy pegado que estuviera. Josh se percató y puso su mano caliente sobre mi rodilla mientras seguía mirando hacia la carretera. No paraba de sonreír. Al fin llegamos.

-          No hay ni un alma- sonaba irónico.
-          Justo como esperaba, es lo que tiene el trabajo nocturno.- Josh me sonrió y abrió la puerta. No sabía si en su frase incluía alguna indirecta...

La sala era grande, y como siempre, estaban los cuerpos amontonados y muy bien organizados por sexo y edad. Dejamos los nuestros apartados del resto, mañana temprano ya no estarían allí.


Josh me llevó a casa y se despidió con una mirada que yo consideraba mágica y cautivadora. Sí, sobretodo eso: cautivadora. Puse la tele y me dormí en seguida. En menos de dos horas ya estaba despierta y no tenía sueño. Eran las 6:30 AM y decidí devolver la llave como se me había dicho. Llegué y las oficinas estaban medio vacías, Alfonso trabajaba en la administración de una pequeña empresa de azulejos pero su sueldo era muy bajo y no llegaba para alimentar a su familia. Nunca he sabido cómo su mujer ha podido ser tan necia todo este tiempo y ni si quiera ha sospechado sobre su segundo y secreto trabajo. Era temprano aún y no tenía nada que hacer, así que tomé una decisión que, sin saberlo, cambiaría mi vida. Cogí el coche y me dirigí directamente hacia la nave de Alfonso, Josh no podía enterarse de nada de eso, ¡me mataría! Nos tenían terminantemente prohibido saber qué pasaba con los cuerpos una vez almacenados allí, pero yo estaba harta de pertenecer a esa gran mafia y no poder enterarme de nada. 

Sabía que sobre las 7:00 llegaban las furgonetas al local así que me apresuré para seguirlas sin perderlas de vista. Eran 3 y las conducían unos hombres muy gordos. El recorrido fue largo y tras muchos kilómetros, al fin llegamos a nuestro destino. Los hombres no me habían visto. Ellos accedieron a un garaje enorme, en el que yo no me atreví entrar. Aparqué el coche lejos y fui corriendo hasta la enorme nave, que estaba perdida de la mano de Dios en mitad de la nada. Vi una puerta por la que no pasaba nadie y me las avié para entrar disimuladamente. Entonces sentí algo extraño, algo que no había sentido nunca. No podía creer lo que estaban viendo mis ojos. En ese momento solo deseaba despertar del sueño, de la pesadilla… y eliminar esa escena de mi mente. Pero no fue así. Comencé a marearme, me llevé las manos a la boca  y rompí a llorar. Era una gran cadena de máquinas que limpiaban, troceaban y embasaban (en ese orden) partes de cuerpo humano. Me quedé un momento ahí, sin saber cómo reaccionar. Miles de preguntas arrasaron mi mente, preguntas que ensuciaban mi conciencia. 

Salí corriendo por otra puerta, esta vez con un sentimiento de miedo que no sería capaz de explicar. Vi entonces un camión enorme que anunciaba a través de un cartel rojo “Embutidos de Cerdo”. Reflexioné entonces, hacía tiempo que no lo hacía. Me di miedo a mí misma, saber que yo estaba involucrada en toda esa estafa me consumía y me angustiaba de una manera horrible. Me dirigí hacia el coche, me monté en él y temblando lo arranqué. Conduje muy rápido y casi sin parpadear estuve durante todo el camino. Llegué al vertedero y desesperadamente busqué un cristal que lo utilicé como arma para acabar con mi mísera vida. Y allí terminó mi recorrido en este mundo y con él mis ganas de deshacer todo lo que en mi vida había hecho.

28 ene 2015

Papá...




-Papá...-Dime.-¿Te puedo pedir algo antes de que apagues la luz?-Claro, ¿qué te pasa?-¿Puedes mirar si hay niños sobre la cama?


Francisco Fuentes Gallego 
2º Bac C 







Este tuit fue uno de los ganadores del Concurso de relatos y tuits de terror, intriga o misterio. Seguiremos publicando en este blog los textos ganadores.

Fco. Fuentes Gallego

Amor y desamor. Concurso de relatos y tuits


14 ene 2015

Conseguía evitar a montruos


Conseguía evitar a monstruos no creyendo en ellos, pero el día que no esquivó uno fue también el de su muerte... Se cruzó con un espejo. 

Alejandro Ramón Crespillo
Alumno de 1º Producción de Audiovisuales y Espectáculos




Este tuit fue uno de los ganadores del Concurso de relatos y tuits de terror, intriga o misterio.
Publicaremos en este blog el resto de ganadores en cada una de las categorías convocadas.

17 dic 2014

Ganadores del Concurso de relatos y tuits de terror, intriga o misterio


PRIMER CICLO ESO

TUIT
·         Blanca Barcia Torres    1ºE 
Desperté de aquella pesadilla

RELATO
·         Manuela López Blázquez 2º B
     El pianista

SEGUNDO CICLO ESO

TUIT
Desierto

RELATO
·         Marcos Agripa Fernández García 4º B
La novia del metro

BAC + CICLOS FORMATIVOS

TUITS
·         Francisco Fuentes Gallego 2º Bac C
Niños sobre la cama
·         Alejandro Ramón Crespillo 1º Producción
Conseguía evitar monstruos

RELATO
·         Carmen Román 1º Bac C
Cuando el orgullo vence al sentido común


10 dic 2014

Desde dónde ilumino. Cine y cuántica

  • Néstor Almendros convenció a la luz para que entrara por la ventana


Josefina Aguilar
Profesora de Imagen y Sonido
Néstor Almendros
Observar desde la fuente de luz, ilumina la escena. No es la técnica ni la cantidad de lúmenes lo que dan al lugar el carácter de realidad. Meryl Streep es una partícula de belleza porque el iluminador Néstor Almendros observó el rostro de la actriz hacia la eternidad de un drama y aprovechó el mito hacia la fotogenia: ese raro arte de existir en proporción áurea tras los imposibles espejos.

Cuando Néstor Almendros afirma en la entrevista recopilada en el libro Maestros de la Luz que su manera de iluminar parte del realismo, que no utiliza la imaginación sino la observación, estaba compartiendo pan de centeno y cerveza negra con Einstein en un Berlín de tabernas más allá del muro. El arte y la física son la misma cosa: una realidad convocada sobre el peso del deseo.

El libro de Schaefer y Salvato
se puede consultar en la
biblioteca del centro
Y ese deseo lo encuentro en una frase mítica de Almendros escrita en una placa que mis compañeros de Departamento me regalaron y que me recuerda que encender una luz es enfrentarse a una escena que te va a retar y que si logras habitarla, darle hálito de situación, es porque encendiste la luz con método: el método de Néstor Almendros. El director de fotografía afirma que éste consiste en que la “fuente de luz siempre tiene que estar justificada”.  A partir de aquí intuyo que ya queda construido el significado de las sombras y el recorrido de lo tenue sobre la piel de las cosas. Entiendo en lo que dice Almendros que justificar la luz es decidir desde dónde ilumino mi escena. Hablar con la fuente, pactar con ella el contorno del drama; acordar que el intruso luminoso sea el que aporte la petición de principios de lo que va a acontecer. Si esa luz ya decidida que va abarcar el cuadro se sostiene frente a los embates de las sombras, frente al cuerpo de realidad que produce el drama, el fotógrafo alcanza un nuevo mito y es posible que logre del actor un sujeto y de la cosa que habita el lugar, un sello.


En las películas en las que trabajó como director de fotografía Néstor Almendros, vemos cómo este creador internacional convenció a la luz para que entrara por la ventana. Le dio argumentos. Logró que no huyera al antojo de su velocidad. Logró el oxímoron de la luz: que se detuviera. La luz rendida ante el mago.