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7 abr 2017

La Señora de las marionetas

Por Guillermo Arranz Sánchez (4º ESO C)
Premio Concurso relatos terror, horror, misterio


Era una tarde lluviosa en Ark Town y Lucy no estaba de muy buen humor, ya que estaba calada hasta los huesos. El camino de vuelta del colegio a casa nunca se le había hecho tan largo. No sentía las manos del frío, su abrigo en teoría impermeable había cedido al incesante golpeteo de la lluvia, y sus pies chapoteaban en el interior de sus zapatos.
Le dio una patada a una lata de Coca-Cola, que desapareció por un callejón a su izquierda. Lucy levantó la cabeza y miró el callejón con detenimiento. ¿Había estado siempre ahí? Nunca lo había visto. Giró la vista a la calle donde se encontraba. Todavía quedaba mucho que andar para llegar al siguiente cruce y girar a la izquierda en dirección a su casa. Con un poco de suerte la callejuela tendría una salida al otro lado y se ahorraría todo ese camino.
Sin nada que perder, se adentró en ella. Los muros grises a los lados estaban cubiertos de hiedra y musgo. En el pavimento había porquería de todo tipo y cubos de basura a los lados, a rebosar de desperdicios. Lucy se tapó la nariz y la boca; aquello apestaba. No tardó en preguntarse si el atajo merecía la pena.
—Más te vale tener una salida al otro lado —amenazó al callejón con un gruñido.
Entonces algo llamó su atención. Tras girar la calle ligeramente a la derecha, vio un cartel de madera sobre un escaparate y una puerta de madera antigua. En el cartel se podía leer: "La Señora de las Marionetas", y debajo: "La mejor tienda de títeres artesanales".
Lucy pegó su rostro al escaparate, observando las bellas muñecas de lana que había expuestas, con hilos en las extremidades. Al fondo de la tienda había marionetas más grandes y de todo tipo: personas con diferentes oficios, caballeros y princesas, dragones, animales de todas las especies...
Lucy miró la hora. Las tres y media. Todavía tenía tiempo para echar un vistazo sin que su madre se preocupase. Y quizá dentro habría calefacción...