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7 abr 2017

Sola

Por Gloria Nieto Párraga (4º ESO D)
Premio Concurso relatos de terror, horror, misterio


Me encuentro sola, en mi habitación, tapada de la cabeza a los pies y totalmente aterrorizada. Me encuentro agotada, en mi guarida, envuelta en una sábana de sentimientos y totalmente aterrorizada.

No paro de recordar a los monstruos de la película, pensando en que en cualquier momento pueden aparecer y hacerme daño. No paro de recordar todos  esos  malos  momentos,  pensando  si  han  ocurrido  de  verdad  y  me  han vaciado por dentro.

No me atrevo a abrir los ojos, ni a pedir ayuda, ni siquiera a encender la luz. No me atrevo a  pensar en la realidad, ni a preguntársela a alguien, ni siquiera verla por mí misma.

Lo único que se me  pasa  por  la cabeza en estos momentos es gritar, intentar dejar de pensar en esos temibles seres, pero no puedo. Lo único que se me pasa por la cabeza en estos momentos es llorar, intentar descargar mi rabia, pero no puedo.

Es de noche, tengo tanto frío que me muero, aunque tenga cinco edredones encima. Estoy en la oscuridad, tengo el corazón tan frío que me muero, aunque mi temperatura corporal sea de treinta y siete grados.

Miro mi colchón, está mojado, no me puedo imagibnar que la pesadilla que he tenido haya provocado esto. Miro mis ojos, están empapados, no me puedo imaginar que este mundo me haya provocado esto.

Me siento una cobarde, nunca había llegado a este punto, a pesar de que siempre he ignorado esas películas. Me siento débil, nunca había llegado a este punto, a pesar de que siempre he superado cada obstáculo. 

La Señora de las marionetas

Por Guillermo Arranz Sánchez (4º ESO C)
Premio Concurso relatos terror, horror, misterio


Era una tarde lluviosa en Ark Town y Lucy no estaba de muy buen humor, ya que estaba calada hasta los huesos. El camino de vuelta del colegio a casa nunca se le había hecho tan largo. No sentía las manos del frío, su abrigo en teoría impermeable había cedido al incesante golpeteo de la lluvia, y sus pies chapoteaban en el interior de sus zapatos.
Le dio una patada a una lata de Coca-Cola, que desapareció por un callejón a su izquierda. Lucy levantó la cabeza y miró el callejón con detenimiento. ¿Había estado siempre ahí? Nunca lo había visto. Giró la vista a la calle donde se encontraba. Todavía quedaba mucho que andar para llegar al siguiente cruce y girar a la izquierda en dirección a su casa. Con un poco de suerte la callejuela tendría una salida al otro lado y se ahorraría todo ese camino.
Sin nada que perder, se adentró en ella. Los muros grises a los lados estaban cubiertos de hiedra y musgo. En el pavimento había porquería de todo tipo y cubos de basura a los lados, a rebosar de desperdicios. Lucy se tapó la nariz y la boca; aquello apestaba. No tardó en preguntarse si el atajo merecía la pena.
—Más te vale tener una salida al otro lado —amenazó al callejón con un gruñido.
Entonces algo llamó su atención. Tras girar la calle ligeramente a la derecha, vio un cartel de madera sobre un escaparate y una puerta de madera antigua. En el cartel se podía leer: "La Señora de las Marionetas", y debajo: "La mejor tienda de títeres artesanales".
Lucy pegó su rostro al escaparate, observando las bellas muñecas de lana que había expuestas, con hilos en las extremidades. Al fondo de la tienda había marionetas más grandes y de todo tipo: personas con diferentes oficios, caballeros y princesas, dragones, animales de todas las especies...
Lucy miró la hora. Las tres y media. Todavía tenía tiempo para echar un vistazo sin que su madre se preocupase. Y quizá dentro habría calefacción... 

6 abr 2017

Verdaderos monstruos

Por Sara Romero Moreno (2º ESO B) 
Premio Concurso de relatos de terror, horror, misterio.

Las estrellas estaban escondidas tras las densas nubes en aquella noche de octubre, en la que las gotas de rocío otoñal bajaban lentas por los parabrisas. El asfalto, también húmedo, hacía difícil el camino de aquella muchacha que cruzaba la calle, esperando el verde del semáforo, a pesar de no haber ni un solo coche. Se le había hecho tarde en la biblioteca. Tras estudiar unas cuantas horas, se le había hecho irresistible coger uno de esos libros de terror que tanto le gustaban. Adoraba ese género pero, sobre todo, los de monstruos; desde vampiros o fantasmas hasta dragones y mantícoras. Tras varias horas buceando entre las letras, el malhumorado bibliotecario le había pedido que abandonase el recinto, que tenía que cerrar.


Empezó a escuchar un ruido, como un chapoteo tras de ella. Pero no era nada, sólo el viento, arrastrando folletos de propaganda olvidada. Se aferró a su carpeta, sintiendo cómo el sudor entre sus dedos humedecía el plástico. Aceleró el paso, deseando llegar a su piso, refugiarse entre las mantas, y probablemente seguir donde lo había dejado con su querido amigo Poe. 

Volvió a escuchar el ruido, y giró la cabeza hacia todos lados de nuevo. Nadie otra vez. 
Tal vez sea un vampiro. Y con una risa interna pensó: Vamos, “Drac”, intenta hacerme algo. Lo he leído todo sobre ti, amigo. Dejó vagar a su imaginación y algo más calmada, comenzó a descartar posibles bestias que podrían atacarla. Un hombre lobo no, porque no hay luna llena. ¿Un dragón en Sevilla? No lo creo. Un basilisco tampoco porque no hay grandes cañerías. Y un fantasma menos porque no he abierto ningún…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una mano grande, de dedos gruesos y palma callosa sobre su boca. Ahogó un grito, y dejó caer todos sus libros al suelo, donde las historias dejaron de tener sentido, y la tinta huyó junto a la lluvia por un desagüe. Forcejeó inútilmente con aquel hombre, que la arrastraba al callejón del bar donde desayunaba todos los días antes de ir a la universidad. 
Se aferró al brazo del agresor y con sus uñas le marcó un profundo arañazo desde el codo a la muñeca. Él blasfemó, y la tiró al suelo de un puñetazo. No sabía qué hacer. Le dolía el pómulo y todo le daba vueltas. Tenía sangre bajo las uñas y en la barbilla, y se había hecho daño en las rodillas al caer. Toda su ropa estaba húmeda y tenía más frío que nunca. 
Aquel hombre rasgó los botones de su camisa, y la arrojó a algún lugar entre los cubos de basura. 

Entonces, ella comprendió que sus fantasmas y sus vampiros eran inofensivos. Que no eran más que historias divertidas en la seguridad que te daba poder cerrar el libro en cualquier momento.
Comprendió que los monstruos existían, y había uno mirándola con una maliciosa sonrisa, en la entrada de aquel oscuro callejón. 

Dedicado a todas esas guerreras, que libran batallas con los más horribles monstruos.  


2 feb 2017

Ganadores del Concurso de relatos de terror, intriga y misterio


                       PRIMER CICLO:

                       Sara Romero Moreno  2º ESO B


                      SEGUNDO CICLO:

                       Gloria Nieto Párraga   4º ESO D

                       Guillermo Arranz Sánchez   4º ESO C

                    
                       BACHILLERATO Y CICLOS:

                       Desierto



¡ENHORABUENA A LOS PREMIADOS!


13 may 2015

El pianista

Manuela López

2º ESO  B

Sola en casa estaba ella cuando sucedió.

La casa, recién comprada, pero muy antigua, un caserón que se alzaba sobre una colina, estaba desierta, exceptuando a esta joven muchacha que dormía plácidamente en su cama.
Sus padres habían salido a cenar tras la agotadora mudanza, dejando a la joven sola, únicamente acompañada por el gato y las toneladas de polvo acumulado durante el tiempo en que la casa había estado deshabitada.
Y la chica dormía.

Y el gato que dormía.
Y el polvo que dormía.
Y la casa que... ¿dormía?

Entonces el piano comenzó a sonar.

Y la chica abrió los ojos.

El piano... ¿pero qué piano? Ellos no tenían piano.
La chica se incorporó. Escuchó con atención.

Pero, ¿cómo...?

Se levanta de la cama.
El gato que bufa.
El polvo que duerme.
La chica que escucha.
Y el piano que suena.
Y el gato que calla.
Un maullido lastimero. Y silencio.
La chica aguanta la respiración.

-¿Gato?-pregunta con un susurro, ya que así es como se llamaba el animalito.

Y no hay respuesta. Y la muchacha avanza. Y tropieza. Tropieza con...

El alarido de la chica es ahogado por más notas del piano.
La chica trata de relajarse.

Inspira, expira; inspira, expira...

Así hasta que los latidos de su corazón recuperan un ritmo normal.
Y frunce el ceño y avanza hacia el sonido triste del piano, ignorando el cuerpecito sin cabeza de su amigo gatuno.
Comienza a caminar, temblorosa, por los lúgubres pasillos de la casa.
Un susurro, un golpe, un chasquido, un chirrido...
La música sube de tono, cada vez más. Quien sea que toque está enfadado. Muy enfadado.

Un largo escalofrío recorre la columna vertebral de la muchacha.
Y la música baja de tono otra vez.
De nuevo suena triste. Melancólica.
Y la chica sigue avanzando. Y la música se oye más nítidamente.
Y más. Y más. Y todavía más.
Hasta que se topa con una puerta, vieja, astillada y abollada.

Una puerta. Juraría que no estaba ahí antes.
La chica duda. ¿Debe abrirla?
La música vuelve a subir de tono. Otra vez parece enfadado. Ni se te ocurra, parece decirle.
Aun así, valiente, la chica la abre.
Sea quien sea el que está ahí dentro...está triste, enfadado y melancólico a la vez. Desesperado.

Está todo a oscuras cuando la niña cruza la puerta.
Y el piano sigue sonando.


Ella saca una caja de cerillas de su bolsillo izquierdo, y en cuanto prende la llama, la música cesa.

A la luz de la cerilla, la chica distingue una polvorienta habitación sin ventanas. No está amueblada, no hay nada.
Exceptuando, claro, al negro piano de cola que hay en el centro de la sala. Pero ni rastro del melancólico pianista.

Avanza hacia el piano. Con la punta de los dedos roza las teclas, y el cálido taburete.

Cálido...como si alguien se hubiera sentado hace un momento.

Da un paso atrás aterrada. Sin dejar de mirar el taburete.

De repente algo le llama la atención.
Eso que hay a escasos metros del taburete, ¿no será...?
Y apenas le da tiempo a asimilarlo cuando una gélida mano le tapa la boca ahogando su grito de espanto.
Un dolor profundo en la cabeza, una dolorosa explosión en el pecho, todo empieza a verse borroso.
La chica yace en el suelo. Junto a la cabeza de su gatito.
Y el piano comienza a sonar otra vez.


17 dic 2014

Ganadores del Concurso de relatos y tuits de terror, intriga o misterio


PRIMER CICLO ESO

TUIT
·         Blanca Barcia Torres    1ºE 
Desperté de aquella pesadilla

RELATO
·         Manuela López Blázquez 2º B
     El pianista

SEGUNDO CICLO ESO

TUIT
Desierto

RELATO
·         Marcos Agripa Fernández García 4º B
La novia del metro

BAC + CICLOS FORMATIVOS

TUITS
·         Francisco Fuentes Gallego 2º Bac C
Niños sobre la cama
·         Alejandro Ramón Crespillo 1º Producción
Conseguía evitar monstruos

RELATO
·         Carmen Román 1º Bac C
Cuando el orgullo vence al sentido común